
Los Adeptos de Malesur conservan la lengua de los Hijos de Malesur y pueden utilizarla independientemente de la forma física que adopten. La unión con un Espíritu del Bosque modifica profundamente su cuerpo y sus capacidades, pero no elimina los conocimientos adquiridos por el humano ni su capacidad para expresarse mediante el lenguaje.
Por ello, tanto en forma humana como en forma fusionada, los Adeptos emplean la lengua común humana.
La diferencia se encuentra en cómo suena.
Cuando un Adepto adopta su forma fusionada, su aparato fonador también queda afectado por las características físicas de su Espíritu del Bosque. Continúa pronunciando las mismas palabras y construyendo las mismas frases, pero su voz adquiere inevitablemente los sonidos y matices propios de la criatura con la que está vinculado.
Un Adepto de naturaleza lupina puede hablar con una voz profunda atravesada por gruñidos; uno vinculado a un Espíritu aviar puede presentar tonos más agudos, ásperos o estridentes; mientras que otros pueden producir voces siseantes, guturales, vibrantes o extraordinariamente graves.
Cuanto más profunda es la modificación de su anatomía, más extraña puede resultar su voz para quien no esté acostumbrado a escuchar a un Adepto fusionado.
Sin embargo, la palabra permanece.
Tras el rugido, el graznido, el siseo o el gruñido continúa existiendo un lenguaje perfectamente articulado y una inteligencia capaz de utilizarlo.
La comunicación más extraordinaria de los Adeptos es aquella que nadie más puede escuchar.
Desde el momento en que se establece la simbiosis, Adepto y Espíritu del Bosque mantienen una comunicación interna permanente. Ambos pueden intercambiar pensamientos, sensaciones, advertencias e intenciones sin necesidad de producir sonido alguno.
Esta comunicación adquiere una importancia todavía mayor durante la forma fusionada.
Humano y Espíritu comparten entonces un mismo cuerpo, pero no dejan de ser dos voluntades. Ante cada situación pueden surgir impulsos diferentes. El Espíritu puede querer atacar mientras el humano considera más conveniente esperar; puede percibir una amenaza que el humano todavía no ha comprendido o reaccionar instintivamente ante algo que para este carecía de importancia.
Ambos deben determinar entonces qué voluntad guiará la acción.
No se trata necesariamente de una lucha por el control. La simbiosis se fundamenta precisamente en aprender cuándo debe prevalecer el razonamiento humano y cuándo resulta más adecuado confiar en el instinto del Espíritu.
Un Adepto experimentado no intenta silenciar a su Espíritu.
Aprende a escucharlo.
Esta comunicación interna explica parte de la extraordinaria eficacia de los Adeptos en su forma fusionada.
El Espíritu aporta capacidades sensoriales e instintivas que el humano jamás poseería por sí mismo, mientras que este aporta experiencia, razonamiento y la capacidad de comprender cómo utilizar aquellas facultades de una manera consciente.
Así, una capacidad originalmente animal puede alcanzar posibilidades mucho mayores cuando es utilizada deliberadamente por una inteligencia humana.
El Espíritu posee la capacidad.
El humano comprende cómo aprovecharla.
La simbiosis permite combinar ambas.
Los Adeptos no poseen por naturaleza un sistema sobrenatural para comunicarse a grandes distancias. Cuando necesitan hacerse oír utilizan su propia voz y, por tanto, el alcance de una llamada depende fundamentalmente de la potencia sonora que su cuerpo sea capaz de generar.
En forma humana, esta capacidad está limitada por la fisiología humana.
En forma fusionada puede ser muy diferente.
Un Espíritu cuya naturaleza permita producir poderosos rugidos, aullidos, bramidos, chillidos u otras llamadas puede proporcionar al cuerpo fusionado una potencia vocal muy superior.
Pero existe una diferencia fundamental dependiendo de quién esté guiando conscientemente la acción.
Cuando predomina el impulso del Espíritu, este utiliza su voz de manera instintiva: ruge, aúlla o llama de acuerdo con su propia naturaleza.
Cuando es el humano quien dirige conscientemente esa misma capacidad, puede utilizarla de manera mucho más eficiente. Comprende la distancia, puede escoger hacia dónde proyectar la voz, controlar su intensidad y modificar deliberadamente la llamada según aquello que pretende conseguir.
De esta manera, la fuerza vocal del Espíritu combinada con la inteligencia humana permite que determinadas llamadas alcancen distancias mayores y sean utilizadas de forma mucho más precisa.
No todos los Adeptos poseen, por tanto, la misma capacidad de comunicación a distancia. Depende directamente de la naturaleza de su Espíritu del Bosque y de las características físicas que este manifieste durante la fusión.
Para los Adeptos, comunicarse no consiste únicamente en hablar.
Existe la palabra humana, que los mantiene vinculados a sus orígenes; la voz transformada de la fusión, que manifiesta físicamente la presencia del Espíritu; los sonidos instintivos que este aporta y, por debajo de todos ellos, el diálogo silencioso y permanente entre los dos seres que comparten el vínculo.
Un Adepto puede hablar con otro mediante palabras mientras, simultáneamente, mantiene una conversación completamente distinta con su Espíritu.
Esta convivencia entre lenguaje, instinto y pensamiento constituye otra expresión de aquello que define a los Adeptos de Malesur:
dos naturalezas capaces de comunicarse como una sola sin dejar nunca de ser dos.