
La sociedad de los Adeptos de Malesur se fundamenta en un principio extraordinariamente sencillo: vivir libremente y permitir que los demás hagan lo mismo.
Tras establecerse en el Bosque de Lilean, los Adeptos desarrollaron una forma de vida alejada de las grandes estructuras políticas, las jerarquías y las obligaciones colectivas que caracterizan a otras sociedades. No poseen ciudades, grandes núcleos de población ni una autoridad que determine dónde debe vivir cada individuo, cuál debe ser su ocupación o qué obligaciones tiene hacia la comunidad.
Para ellos, la convivencia no necesita estar sustentada en la imposición.
El Bosque de Lilean es suficientemente extenso para que cada familia encuentre su propio lugar dentro de él y establezca allí su hogar.
La familia constituye la unidad fundamental de la sociedad de los Adeptos.
Cada familia decide libremente dónde establecerse, cómo organizar su vida y qué relación mantener con quienes habitan otras partes del bosque. Algunas prefieren vivir relativamente aisladas, rodeadas únicamente por la naturaleza y los Espíritus del Bosque. Otras mantienen vínculos especialmente estrechos con determinadas familias y establecen sus hogares a poca distancia unas de otras.
De esta manera pueden aparecer pequeñas concentraciones de población, pero estas no responden a una planificación ni constituyen poblaciones organizadas en el sentido tradicional.
Simplemente son familias que desean vivir cerca.
Del mismo modo que pueden reunirse, pueden separarse. No existe ninguna obligación de permanecer en un determinado lugar ni de pertenecer a una comunidad concreta.
Los Adeptos carecen de un gobierno centralizado.
No existen gobernantes que dicten leyes sobre el conjunto del Bosque de Lilean ni autoridades encargadas de determinar cómo deben vivir sus habitantes. Tampoco existe una jerarquía política permanente que sitúe unas familias por encima de otras.
La convivencia descansa fundamentalmente en el respeto mutuo, la tradición y una cultura profundamente pacifista.
Los conflictos cotidianos tienden a resolverse mediante el diálogo. La propia extensión del bosque facilita además una solución extraordinariamente sencilla cuando dos individuos o familias descubren que sus maneras de vivir resultan incompatibles: pueden alejarse unos de otros.
Para los Adeptos, la libertad individual forma parte natural de su existencia.
La ausencia de gobernantes no significa que todos los Adeptos posean la misma experiencia o sean considerados igualmente sabios.
Repartidos por el Bosque de Lilean existen unos pocos líderes espirituales, Adeptos especialmente respetados por su conocimiento, experiencia y comprensión de Malesur, los Espíritus del Bosque y la Quinta Esencia.
Su autoridad, sin embargo, no es política ni coercitiva.
No gobiernan.
A ellos se acude.
Un Adepto puede buscar su consejo ante una decisión importante, un conflicto familiar, una dificultad relacionada con su Espíritu del Bosque, una cuestión religiosa o cualquier acontecimiento cuya naturaleza exceda su propia experiencia.
Sus palabras poseen un enorme peso precisamente porque no pueden imponerlas.
El respeto que reciben procede de la confianza que otros Adeptos han depositado en ellos y no de ningún cargo que les conceda poder sobre los demás.
La religión forma parte de la vida cotidiana de los Adeptos, pero tampoco se encuentra organizada mediante una gran institución.
Su relación con Malesur, con los Espíritus del Bosque y con la Quinta Esencia está integrada en su propia manera de entender la existencia. No necesitan separar claramente vida cotidiana, naturaleza y espiritualidad porque las tres forman parte de una misma realidad.
Esto convierte al Bosque de Lilean en algo más que el territorio donde habitan.
Es su hogar, pero también el espacio donde desarrollan su relación con los Espíritus y con aquello que consideran sagrado.
Por ello, protegerlo no constituye únicamente una cuestión territorial.
En circunstancias normales, la vida de los Adeptos transcurre de manera pacífica, tranquila y deliberadamente sencilla.
No existe una autoridad que reclame periódicamente su trabajo, que los obligue a servir en un ejército o que determine las necesidades de una estructura superior. Cada familia organiza su existencia de acuerdo con sus propias necesidades y mantiene con las demás las relaciones que libremente desea establecer.
Esta ausencia de obligaciones colectivas no significa indiferencia hacia los demás.
Las familias pueden ayudarse, compartir recursos, reunirse o colaborar cuando lo consideran necesario. La diferencia reside en que estas relaciones nacen de la voluntad y de los vínculos existentes entre ellas, no de una imposición ni de la expectativa de recibir algo a cambio.
Para un Adepto, vivir bien significa disponer del tiempo, el espacio y la libertad necesarios para compartir su existencia con su familia, su Espíritu y el Bosque de Lilean.
Existe, sin embargo, una circunstancia capaz de transformar por completo esta sociedad aparentemente carente de organización:
una amenaza.
Cuando una familia, un grupo de Adeptos o el propio Bosque de Lilean se encuentran en peligro, la naturaleza pacifista de su sociedad no implica pasividad.
Los mismos individuos que normalmente viven dispersos y sin estructuras jerárquicas pueden abandonar temporalmente aquella tranquilidad para defender aquello que consideran suyo.
Y entonces aparece la otra naturaleza de los Adeptos.
Adoptan sus formas fusionadas y la territorialidad, agresividad y ferocidad de los Espíritus del Bosque pasan a ocupar un lugar mucho más importante en su comportamiento.
Una sociedad que carece de un ejército permanente puede convertirse así en una fuerza extraordinariamente peligrosa cuando su territorio es amenazado.
No luchan porque una autoridad se lo ordene.
Luchan porque han decidido que aquello forma parte de lo que deben proteger.
Esta es, en definitiva, la característica que mejor define la organización de los Adeptos de Malesur.
La familia permanece unida porque quiere permanecer unida. Las familias viven cerca porque desean hacerlo. Los líderes espirituales son escuchados porque se confía en ellos. La ayuda se presta porque alguien considera que debe prestarla. Y cuando llega el momento de defender el Bosque de Lilean, los Adeptos combaten porque sienten que aquello que forma parte de sus vidas está siendo amenazado.
Su sociedad posee pocas estructuras porque no considera necesario imponerlas.
Mientras exista respeto entre quienes habitan el bosque, los Adeptos no necesitan que nadie les diga cómo deben vivir.
Y quizá por eso, cuando alguien intenta arrebatarles esa libertad,
la sociedad más pacífica puede convertirse rápidamente en una de las más feroces de Saphir.