
El principal asentamiento de las Mercenarias de Isha es Alquézar, conocido coloquialmente entre ellas como el Bastión. Es el centro de la hermandad y el lugar al que regresan después de sus servicios. No constituye únicamente una fortaleza, sino también el espacio en el que buena parte de las Mercenarias crecen, entrenan, conviven y desarrollan su vida dentro de la organización.
Alquézar reúne las principales dependencias necesarias para el funcionamiento de la hermandad. En él existen alojamientos, zonas de entrenamiento, armerías y espacios destinados a las monturas, además de las estancias necesarias para las tareas cotidianas y la formación de las nuevas generaciones. Su carácter militarizado se refleja en una arquitectura preparada para proteger a sus habitantes y permitir el entrenamiento constante, pero su función va mucho más allá de la defensa: para las Mercenarias, el Bastión es ante todo su hogar.
Dentro del conjunto ocupa un lugar destacado el Alcázar de Isha, núcleo de especial importancia para la organización y el gobierno de la hermandad. Allí se encuentran los espacios vinculados a las Hijas de Isha, al Claustro y a las principales decisiones que afectan al conjunto de las Mercenarias. Algunas de las mujeres de mayor rango y responsabilidad desarrollan también buena parte de su actividad en torno a este núcleo.
La organización de las Siete Líneas de Isha se refleja directamente en la distribución de Alquézar. Cada una de las Siete Hijas de Isha cuenta con su propio barrio, en el que viven, entrenan y desarrollan buena parte de su actividad las Mercenarias pertenecientes a su Línea. Estos barrios disponen de alojamientos, zonas de entrenamiento, armerías y otras dependencias necesarias para su funcionamiento cotidiano, permitiendo que cada Línea conserve una notable autonomía sin dejar de formar parte de una misma hermandad.
El Alcázar de Isha alberga también a las Tutoras, cuya posición dentro de la hermandad exige mantenerse al margen de las Siete Líneas. Al no pertenecer a ninguna de ellas, tampoco residen en los barrios vinculados a las Hijas, sino en dependencias propias situadas dentro del Alcázar. Esta separación refuerza su imparcialidad durante la formación de las niñas y Novicias, evitando que su educación y la valoración de sus capacidades queden condicionadas por los intereses de una Línea concreta antes de afrontar la Voluntad de Isha.
La identidad de cada Línea se refleja también en la apariencia de su barrio. Aunque todo Alquézar comparte los símbolos y la identidad común de las Mercenarias de Isha, cada una de las Siete Líneas posee un color secundario propio, vinculado a la Hija que la encabeza. Este color aparece en estandartes, telas, ornamentos y distintos elementos arquitectónicos, haciendo reconocible cada barrio sin quebrar la unidad visual del Bastión. También está presente en los pedestales y elementos ornamentales asociados a la Guía correspondiente, estableciendo una relación visible entre la Hija, su Línea, su barrio y las Mercenarias que pertenecen a él.
En el corazón de cada barrio se alza una gran estatua dedicada a Isha. Cada una recibe oficialmente el nombre de Guía de Isha, seguido del nombre de la Hija que gobierna el barrio en ese momento. Así, el nombre de la estatua cambia cuando una nueva Hija sucede a la anterior. En el habla cotidiana, las Mercenarias prescinden de la referencia a Isha y se refieren a cada estatua sencillamente como la Guía, seguida igualmente del nombre de la Hija. Las siete estatuas de los barrios son conocidas colectivamente como las Siete Guías.
Las Guías constituyen uno de los elementos más visibles de la Fe de Isha dentro de Alquézar. Cada una preside simbólicamente el barrio de una Línea y actúa como referencia de identidad y pertenencia para las Mercenarias que viven en él. Aunque todas representan a Isha, su vinculación con la Hija que gobierna el barrio refuerza la relación entre la fe compartida por toda la hermandad y la identidad particular de cada una de sus siete Líneas.
Las Guías cumplen además una función funeraria y memorial. En su estructura se integran nichos destinados a las Mercenarias fallecidas de la Línea correspondiente, de manera que cada barrio conserva físicamente la memoria de las hermanas que vivieron y sirvieron bajo la autoridad de aquella Línea.
Tras los cánticos ceremoniales fúnebres, el cuerpo de la fallecida es depositado en uno de estos nichos. La elección de las Guías como lugar de descanso responde tanto a su valor religioso como a la voluntad de mantener a cada Mercenaria unida simbólicamente a Isha, a sus hermanas y al barrio al que perteneció durante su vida.
De este modo, las Guías no son únicamente grandes representaciones de Isha ni símbolos de identidad de las Líneas. Son también lugares de memoria, descanso y continuidad, bajo cuya presencia las Mercenarias viven, entrenan y sirven, y a los que finalmente regresan al morir. Con el paso de las generaciones, cada Guía se convierte así en depositaria de la historia de su propio barrio y de las mujeres que formaron parte de él.
Por encima de los barrios, en el punto más elevado del montículo sobre el que se alza el Alcázar de Isha, se encuentra una octava estatua y la mayor de todas ellas. Su nombre oficial es la Vigilia de Isha, aunque entre las Mercenarias es conocida cotidianamente como la Madre. A diferencia de las Guías, no está vinculada a ninguna Hija ni a ninguna Línea en particular, sino que representa al conjunto de la hermandad.
Su posición dominante, visible desde todo el Bastión, hace que la Madre se eleve sobre Alquézar como una presencia constante. Desde lo alto del Alcázar de Isha, la Vigilia contempla simbólicamente los siete barrios y a todas las Mercenarias que habitan el Bastión, reforzando la idea de una única hermandad por encima de las diferencias y rivalidades que puedan existir entre sus Líneas.
Cuando se habla de las ocho grandes representaciones de Isha como un único conjunto se utiliza la expresión las Siete Guías y la Vigilia. La propia disposición de las estatuas refleja así la estructura de las Mercenarias: siete Líneas con identidad y autonomía propias reunidas bajo una misma fe y una misma hermandad.
Las Mercenarias no concentran todas sus posesiones en Alquézar. A lo largo de su historia han acumulado propiedades en distintos lugares de Darlime, muchas de ellas obtenidas como parte del pago por los servicios prestados. Esta práctica se remonta a la época de las antiguas Amazonas de Isha, cuando comenzaron a exigir lugares seguros donde alojarse durante sus intervenciones en poblaciones y ciudades.
En un primer momento, las Amazonas se instalaban en campamentos provisionales en las proximidades de los lugares donde eran requeridas. La escasa protección que ofrecían estos asentamientos hizo que empezaran a solicitar, además de otras recompensas, una propiedad permanente en aquellas poblaciones donde prestaban sus servicios. Con el tiempo, estas posesiones adoptaron formas muy distintas, desde construcciones sencillas hasta residencias de mayor importancia.
Esta red de propiedades permitió a la hermandad extender su presencia por Darlime y disponer de lugares a los que acudir durante sus desplazamientos. Algunas propiedades sirven como alojamiento temporal, mientras que otras pueden utilizarse para almacenar equipo, reunir contingentes o atender las necesidades derivadas de los servicios mercenarios. Su importancia depende tanto de su ubicación como de la historia de la relación entre las Mercenarias y la población en la que se encuentran.
La riqueza obtenida mediante sus encargos también ha influido en el aspecto de estas construcciones. Las propiedades de las Mercenarias no responden a una arquitectura completamente uniforme, pues han sido adquiridas en lugares y momentos diferentes. Algunas mantienen un carácter claramente funcional y militar, mientras que otras reflejan un mayor grado de riqueza, prestigio o ceremonialidad.
En todas ellas, sin embargo, existe una preocupación común por disponer de espacios adaptados a la vida de una organización guerrera. El entrenamiento, el almacenamiento de armas, el cuidado de las monturas, la seguridad y el alojamiento de las hermanas condicionan buena parte de su distribución y funcionamiento.
Alquézar representa la máxima expresión de esta forma de vida. Su arquitectura reúne en un mismo lugar las necesidades militares, sociales, religiosas y organizativas de la hermandad. Los siete barrios expresan la identidad de las Líneas, el Alcázar de Isha constituye su núcleo común y las Siete Guías y la Vigilia convierten la presencia de Isha en una constante visible dentro del Bastión.
En conjunto, los asentamientos de las Mercenarias de Isha reflejan su propia historia. De los antiguos campamentos levantados mientras cumplían servicios surgió una red de propiedades que fue creciendo junto con su prestigio y riqueza, mientras Alquézar terminó convirtiéndose en el corazón permanente de una hermandad acostumbrada a recorrer Darlime, pero que siempre conserva un lugar al que regresar.